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Luz Verde. Cambiando mi Mundo...

21 octubre 2012

Banco de semen: ¿La última posibilidad?


El mundo cambió. La ciencia cambió. Las mujeres cambiaron. Los hombres cambiaron. 
El amor cambió. Las familias cambiaron. El sexo cambió. Los nacimientos cambiaron. 

Pero el reloj biológico femenino no. 



Por eso hay una nueva generación de Susanitas, que toda la vida imaginaron que formarían una familia tipo, pero que no consiguen marido. Ya tienen más de 35 años y no están dispuestas a resignar el sueño de tener hijos.
Estas Susanitas siglo XXI prefieren buscar un padre para su hijo en un banco de semen, en vez de seguir esperando a un príncipe azul que tarda y tarda en llegar. Y antes de que sus óvulos digan basta, recurren a la fertilización asistida. En la Argentina cada vez son más las que piden estos tratamientos, y cada vez más también los médicos que acceden a hacerlos. Las madres solas por opción ya no son casos aislados, sino parte de un fenómeno en crecimiento que da la espalda a los prejuicios. 

“A los 39 años me di cuenta de que, si tenía tantas ganas de ser mamá y era la tía perfecta, no tenía por qué privarme de tener un hijo. A los 40 estaba embarazada. El nacimiento de mi hijo, que ya tiene seis meses, ha sido lo más maravilloso que me ha pasado en la vida y me siento inmensamente feliz por haber tomado esa decisión,” cuenta Alicia –que pide cambiar su verdadero nombre por miedo a ser discriminada–, de 41 años y divorciada.

El médico Gabriel Fiszbajn, director asociado del Centro de Estudios en Ginecología y Reproducción (CEGYR), resalta: “Cada vez hay más mujeres que consultan para tener hijos solas. Hace cuatro años sólo había casos aislados. Ahora tengo diez pacientes por mes. Ya es una tendencia. Porque las mujeres perdieron los prejuicios y, si no tienen pareja, se inseminan antes de perder la capacidad ovulatoria.”

“Tomé la decisión cerca de los 40, una edad que nos aterra a las mujeres que aún no tuvimos hijos. No quería postergar la maternidad por seguir esperando un hombre,” ratifica Alicia. El tic tac del reloj biológico es implacable. No le importa que recién a los treinta una mujer consiga un buen trabajo. No le importa que los años pasan hasta que la vida da una tregua para embarazarse nueve meses y dedicarse al bebé por lo menos otros tres.
Y mucho menos le importa que los príncipes azules no vengan en carroza, ni que después de la primera cita no todos quieran pasar a ser novios, y que después de ser novios no quieran convertirse en maridos, y que muchos son capaces de esfumarse como David Copperfield si se les menciona la palabra papá.

“Decidí ser una mamá sola porque, de esta manera, no voy a estar buscando desesperadamente a un hombre para convencerlo de que desee tanto como yo tener un hijo –se confiesa Beatriz, de 42 años, que se divorció el año pasado y está por realizarse un tratamiento de fecundación in vitro–. Los hombres, aunque después sean padres amorosos, no desean con tanta intensidad la paternidad como nosotras la maternidad. Mientras que una relación ocasional me da la sensación de algo turbio. Y un hijo es muy sublime como para gestarlo turbiamente.”

Nuevas familias

Por supuesto que la tendencia de las “madres solas” genera mucha polémica. La psiquiatra Graciela Moreschi las critica: “Hay un gran componente narcisista en ellas porque, si no tienen pareja y desean ser madres, podrían adoptar un niño. Pero les resulta muy importante que sea una prolongación propia; algo que casi consiguen porque, al no haber padre sino sólo un tubo de ensayo, la exclusión del elemento paterno es mucho más fácil.”

En el mismo sentido opina Claudio Ruhlmann, director médico de la Unidad de Fertilidad de San Isidro: “ Nosotros decidimos no hacer estos tratamientos porque no estamos de acuerdo con que haya un embarazo sin madre y padre.”
Claudia Azar, psicóloga del Instituto Médico Halitus replica: “Estas son nuevas formas de organización familiar en que están creciendo muchos niños, sin que su desarrollo emocional corra más riesgos que los de los hijos de hogares con dos progenitores.”

Sin embargo, Moreschi objeta: “En los casos en que la falta del padre se debe a pérdidas o fallecimiento, es diferente. No ha sido buscado por la madre, ella no se ha erigido en un ser omnipotente que obvia la función masculina.”

La psiquiatra Luisa Barón, directora de la Fundación para la Investigación Médica Psicológica (IMPSI) defiende a las madres solas: “Las mujeres que tuvieron que resignar su maternidad por relaciones afectivas infructuosas no piensan en forma omnipotente. Son románticas frustradas.” El año pasado Barón presentó en la American Society for Reproductive Medicine de los Estados Unidos una investigación sobre “Mujeres solteras que recurren a bancos de esperma. Un seguimiento psicológico en pacientes y niños”; allí concluyó: “Los chicos que evaluamos tienen una excelente relación con la madre, y se están desarrollando bien. No hay ninguna razón para pensar que las cosas puedan salir mal.” 

A pesar de los estudios a favor. Los médicos toman sus recaudos. Sergio Pasqualini, director de Halitus, detalla: “Antes de realizar la inseminación, se tiene en cuenta el entorno de la mujer sola. Es importante que cuente con familiares, amigos y personas que la acompañen en el proyecto.”


Amor y laboratorio

Claro que estos tratamientos son costosos. La inseminación intrauterina cuesta $ 400 (si la mujer tiene problemas de infertilidad el precio puede subir hasta $ 3.500) y la muestra de semen vale alrededor de $ 300.
Más allá de la plata, ahora no es difícil recurrir a un banco de semen para tener un hijo. La Sociedad Americana de Fertilidad avala la inseminación con semen de un donante en madres solteras desde 1990. Hasta hace un tiempo, sin embargo, este tema era tabú en la Argentina. Ya no.
Muchos médicos aggiornaron su postura. Claudio Chillik, autor del libro “¿Por qué no podemos tener un hijo?”, admite: “Antes no realizaba tratamientos a mujeres solas. Hace un año cambie de actitud porque me di cuenta de que no puedo quitarles el derecho a ser madres a mujeres con capacidad económica, afectiva y laboral, pero sin pareja.”
“Parece que cada vez es más difícil conseguir un hombre porque la preocupación de mis pacientes está en alza –remarca Esther Polak, directora de CER Instituto Médico–. A partir de los 30 vienen a hacerse un chequeo del estado de su ‘reloj biológico’ y muchas quieren congelar sus óvulos para no correr riesgo de llegar a los 35 (cuando decae su calidad) sin un hombre con quien tener hijos.”

También hay límites. “Si viene una chica de 27 años y me pide que la insemine porque se peleó con el novio, le digo que no. Tampoco aceptaría que una mujer me pida un donante con los rasgos de Batistuta,” subraya Nicolás Neuspiller, director de Fecunditas. 

Una de las razones por las que las mujeres prefieren ir a un banco que hacerle una zancadilla a un amante ocasional para embarazarse, es la cantidad de controles por los que pasan los donantes de semen: “Se les practican estudios de sida, genéticos e inmunológicos, se les realiza un perfil psicológico y se evalúa el nivel cultural,” detalla Neuspiller. 

Más allá del debate sobre esta nueva generación sin padres, está la decisión inquebrantable de muchas argentinas de ser mamás a toda costa. Alicia ya lo vive día a día: “Es cierto que es duro estar sola cuando te despertás varias veces de noche y estás muerta de cansancio. Pero cuando veo a mi bebé durmiendo al lado no lo puedo creer –se emociona–. Es fruto del amor de madre que llevo en el corazón. Ese amor tan profundo me llevó a traerlo al mundo.”

Susanitas siglo XXI

- 66 % son divorciadas o separadas, 20 % están en pareja con un hombre casado, 4 % son viudas y 6 % están solas.
- 100 % hubiera preferido la concepción en pareja, pero se vieron apremiadas por su reloj biológico.
- 78 % prefirieron recurrir a un banco de semen antes que forzar a una pareja ocasional a ser padre.
- 90 % le contó a algún amigo o amiga que se inseminó, 76 % lo compartió con sus hermanas, 54 % con su mamá y 0 % con sus compañeros de trabajo.
Fuente: Dra. Luisa Barón (IMPSI), estudio realizado entre1997 y 2000 en mujeres argentinas.

“Inseminarme era la única posibilidad de tener un hijo”

Por Alejandra N (prefiere reservar su identidad), 45 años, contadora, mamá de un hijo de 4 años.
A los 30 años formé una pareja con un hombre que estaba divorciado, tenía hijos y era 15 años mayor que yo. Estuvimos diez años juntos. Yo quería ser mamá, pero él no porque sufría problemas de salud y ya había pasado por esa experiencia. La pareja se fue deteriorando hasta que nos separamos cuando yo tenía 38. Esperé enamorarme fácilmente, pero eso no ocurrió. Es muy complicado encarar relaciones con la desesperación de tener un hijo. Todos me preguntaban por qué no me acostaba con alguien una noche y punto. Pero yo no quería eso. A esa altura, estaba segura de que no aceptaba quedar embarazada sin el consentimiento del otro, eso lo hubiera podido conseguir dentro del matrimonio y, para mí, el embarazo tenía que salir del deseo. Fuí a averiguar por una adopción, pero me dijeron que era difícil siendo sola.

Por eso decidí inseminarme. Y lo viví como la única posibilidad que me quedaba para una experiencia que es imperdible en la vida. Aun embarazada, hubiera deseado armar una pareja. Pero no se dio, y mi deseo era muy grande. Lo hice por amor y necesidad de amar a alguien, de tener una familia. Hoy la relación con mi hijo Santino es bárbara. Es el premio mayor que me ha tocado en la vida.

Fuente: Para Tí

1 comentario:

M3t4g4m3 dijo...

Genial artículo, suelen tener unos requisitos altísimos para donar

Mira:

http://donarsemen.blogspot.com.es/p/requisitos-para-donar-semen.html

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